Teatro emBlogado 

Richard Riveiro

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¿hacer un vivo o no hacer un vivo?

El teatro virtual: ¿una respuesta frente a la emergencia coyuntural o un nuevo modo de representación?

Frente a la epidemia se han tomado decisiones que privilegian determinados aspectos de la Salud. Sobre todo, los que tienen que ver con los contagios dejando de lado muchos otros aspectos, que hacen a la salud. El Teatro como actividad no quedó exenta de formar parte de esta transformación. La situación del Teatro y la Pandemia nos sigue resultando angustiante. Al comienzo, las actividades fueron emergiendo y se han realizado muchas experiencias desde el 2020 hasta hoy. Muchos artistas compartimos nuestros materiales, emitimos nuestras obras filmadas, incursionamos en puestas específicas y hasta escribimos obras sobre la pandemia. Hemos desarrollado un sin número de acciones para mantener nuestro oficio durante este tiempo de aislamiento. A fuerza de insistir, continuamos día tras día, preguntándonos si lo que hacemos es a favor o en contra de nosotros mismos. ¿Puede el Teatro ocurrir sin la presencialidad? ¿Estamos tratando de sobrevivir o abonando la posibilidad de borrar la rica experiencia del teatro presencial y cambiarla por una cómoda experiencia virtual sin siquiera moverse de la casa? 
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Lo que pensás que vas a ver en Teatro Virtual y lo que finalmente ves Teatro virtual.
Para centrarnos en el análisis, es necesario diferenciar entre los materiales teatrales previamente filmados o incluso las clases grabadas, ya que ese tipo de formato propone una dimensión donde emparenta dicha experiencia a la experiencia de ver una película o un video. En la mayoría de los casos, la calidad es mucho más rudimentaria ya que no cuenta, como el lenguaje audiovisual, con la elección de los planos, el montaje, la iluminación, etc. Aún cuando una historia pueda ser compartida, aún cuando logre movilizar emociones o incluso transmitir reflexiones, dista bastante de la experiencia vivencial que tiene el tiempo compartido del teatro o la clase de actuación presencial.
En lo que sí nos centraremos en este texto, es el teatro emitido y presenciado en tiempo real, que comparte con el teatro tal como lo conocemos, el hecho de que es vivido sincrónicamente. Al compartir,  el público y los actores el tiempo de la representación, se logra como dice Dubatti: el Tecnovivio. La diferencia que tiene con el Teatro convencional es que, en lugar de convivir en un espacio común, lo hace en una plataforma tecnológica.​​
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Hamlet...¡Hamlet estás muteado!
La pandemia ha acelerado nuestra vida que ya venía bastante acelerada. Esta crisis sanitaria casualmente o no tan casualmente, aparece justo en el momento que nuestras posibilidades tecnológicas están listas para “ayudarnos”. “Las tecnologías hacen al ejercicio del poder”,  al decir de Foucault:
 “Cuando pienso en la mecánica del poder, pienso en su forma capilar de existir, el proceso por medio del cual el poder se mete en la misma piel de los individuos, invadiendo sus gestos, sus actitudes, sus discursos, sus experiencias, su vida cotidiana”.
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Je ne sais pas, ne dis pas que je ne t'ai pas prévenu

Ganado y perdido

El tiempo que hemos ganado por no trasladarnos a los lugares lo hemos perdido en nuestras actividades a través de las pantallas. Hemos aumentado vorazmente nuestra actividad frente a las computadoras y hemos perdido indudablemente la batalla que libramos con nuestros menores a cargo. Realmente hemos perdido en la disputa de querer alejarles de los dispositivos tecnológicos ya que ahora debemos ocuparles con dispositivos mientras nosotros trabajamos con otros dispositivos en nuestro propio hogar. Nuestra casa se transforma en nuestra oficina, nuestro salón de clase, nuestro teatro.  Finalmente todo  esto deja de ser “nuestro” para ser de otros. Es aquí donde queda de manifiesto que la sociedad de control realmente ha dado un salto y se ha vuelto implacable. Ahora ya no queda rincón de nuestro hogar, ni de ninguno tal vez, que no esté registrado. Son pocas las reuniones, los ensayos, las conversaciones que realmente sean privadas. No escapan a ello las empresas, los políticos, los gremios, las reuniones, las clases,  los ensayos y cualquier conversación personal ya que ahora está mediada y puede ser escuchada e intervenida desde cualquier lugar. El universo  de lo “privado” cada vez es más pequeño. No hace mucho tiempo, las redes sociales aparecieron con una divertida invitación a publicar nuestra vida personal por mero placer, pero ahora compartir nuestra intimidad es una obligación laboral. Los trabajadores de este tiempo debemos aportar nuestros equipos, nuestras señales de wifi, además de nuestro tiempo y energía. Ahora no nos llevamos trabajo a casa porque nuestro trabajo está en nuestra casa. ¿Dónde queda el espacio para el ocio y el esparcimiento? Y luego de esto nos preguntamos: ¿qué tiempo queda en la sociedad para el arte? Pensando en todo esto: ¿Qué hacemos los artistas en esta coyuntura? Investigamos, buscamos los límites, jugamos con las posibilidades inútiles. Los artistas nos abrazamos a la posibilidad de seguir encontrándonos desde algún lugar como lo hacíamos antes.
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Veamos lo que perdimos y ganamos con todo esto. Por supuesto que se han perdido algunas cosas importantísimas en nuestros encuentros y reuniones y por supuesto también en el hecho teatral; como el tacto, el olor (y no me refiero a los síntomas del covid),  la energía corporal, los cambios de espacio, nuestras espaldas. Perdimos los tiempos intermedios entre un lugar y otro, nuestros encuentros y charlas casuales. Tenemos algunas ganancias también. Hemos ganado cercanía con los primeros planos, la posibilidad de apagar la cámara y escuchar sin ser vistos, hacer un acercamiento en los detalles, grabar o hacer captura de pantalla, ganamos la posibilidad de estar en pantuflas, de tener varias reuniones al mismo tiempo, y por supuesto hemos ganado estrés.  
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Nos quedan muchas preguntas: ¿Puede existir el  Teatro en estos lugares? ¿Lo que hacemos sigue siendo Teatro? ¿Podemos los artistas seguir convocando desde la virtualidad? ¿Qué hacemos los que hacemos teatro sin hacer teatro? ¿Cómo seguir enseñando Teatro? ¿para qué y cómo? ¿se puede enseñar algo que no se puede hacer? Si nuestros ingresos económicos vienen del Teatro, ¿Cómo seguir consiguiendo nuestro sustento? 

Sin duda, que lo que estamos haciendo es lo que podemos y cómo podemos mientras no enfermamos y por supuesto y sobre todo, mientras tenemos vida.
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Richard Riveiro

Estamos en este planeta para compartir. Este blog es un espacio de reflexión sobre el teatro y la vida. Mi trabajo es estar atento. A la escena. A lo que ocurre adentro, afuera, desde y hacia la escena. Cómo late, cómo suena, cómo se percibe desde los sentidos. 

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